

El expresidente Andrés Manuel López Obrador reapareció desde su quinta La Chingada en Palenque, Chiapas, con un mensaje de una hora y 20 minutos para presentar su libro Pueblo, que dedica a la presidenta Claudia Sheinbaum. "Estoy aquí, aunque mis adversarios me han dado por muerto este año en tres ocasiones", abrió con ironía, antes de desplegar un recorrido por la historia política de México, una crítica frontal a Estados Unidos y un respaldo total a su sucesora.
López Obrador calificó a Sheinbaum como "la mejor presidenta del mundo, entre hombres y mujeres, y yo no estoy ya para hacerle la barba a nadie". Dedicó el libro de 10 capítulos —que abarca desde la Independencia hasta la Cuarta Transformación— como cierre de la fundamentación del Humanismo Mexicano junto con su obra anterior Grandeza.
El tramo más relevante fue el dedicado a Estados Unidos. El expresidente señaló que la crisis estadounidense se debe a que "se fueron por lo material y se convirtieron en una potencia económica y bélica, pero tienen muchos problemas: la desintegración de la familia" y la pandemia de drogas que cobra entre 70 y 80 mil jóvenes al año por sobredosis. Criticó que "casi todos" los embajadores estadounidenses en México "han sido metiches" y advirtió que la mano dura no resolverá el fentanilo porque "crearían otra sustancia". Anunció que su próximo libro incluirá una propuesta para que EU enfrente su crisis interna: "Nosotros podemos ayudar, porque enfrentamos una decadencia, le dimos la vuelta y se logró la transformación".
Sobre la oposición, fue directo: "No hay derecha ni ultraderecha, es neofascismo, es lo que hizo Hitler. Sobre todo en el manejo de la comunicación, lo que hizo Goebbels". Alertó sobre el control de las redes sociales por los hombres más ricos del mundo y pidió a los mexicanos "mucho ojo" porque a sus opositores "no se les ha pasado el coraje".
Relajado y sonriente, AMLO se dijo feliz en su retiro: "No quise ser cacique ni caudillo, ni jefe máximo, ni poder detrás del trono. No hay que tenerle mucho apego ni al poder ni al dinero". Reconoció que habló mucho: "Me pasa como con los monjes que están en silencio todo el tiempo y cuando les dan oportunidad, se van a la montaña a gritar".










