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  - "Brújula Política"
  - "Columna"
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# COLUMNA 25 MAYO 2026

**![Columna BP](/download/multimedia.normal.a88df56d0bafde96.bm9ybWFsLndlYnA%3D.webp)**

**El citatorio de la FGR a Maru Campos**

La bomba del fin de semana no fue una declaración ni una marcha. Fue un documento. Agentes de la FGR se presentaron en Palacio de Gobierno de Chihuahua para entregar en mano el citatorio formal a la gobernadora María Eugenia Campos Galván: comparecer como testigo el miércoles 27 de mayo a las 10 de la mañana en las oficinas de la FGR en Ciudad Juárez. Carpeta de investigación FED/FEILC/FEILC-CHIH/0000051/2026. El documento tiene nombre, apellido, dirección y hora. No hay forma de leerlo como algo menor.

Hay que ser precisos con lo que este citatorio es y lo que no es, porque los medios han mezclado las dos cosas con demasiada facilidad. Maru Campos es citada como testigo, no como imputada. Esa distinción tiene peso jurídico real: no es una acusación formal, no viola su fuero constitucional en este punto, y un primer citatorio como testigo no da a la FGR facultad de presentarla por la fuerza si decide no ir. Tiene derecho a comparecer con abogado, tiene derecho a no declarar contra sí misma si en la entrevista surgiera algo que la comprometa, y su equipo jurídico puede negociar el lugar o solicitar reprogramación por conducto formal.

Lo que sí está claro es que se cruzó una puerta que en Palacio de Gobierno no pensaban que se abriría tan pronto. La FGR también citó a César Jáuregui, el ex fiscal que Maru ya había comenzado a hundir públicamente en sus entrevistas de días anteriores, dejando caer que él sabía y no le informó. La investigación avanza en la cadena de mando y el siguiente escalón desde Jáuregui tiene dirección conocida. Ignorar el citatorio le daría a la federación argumentos para escalar y un costo mediático que la gobernadora no puede permitirse. La respuesta más inteligente, jurídica y políticamente, es ir con equipo legal robusto, responder lo que corresponde como testigo y reservar todo lo que pueda comprometer.

**Nerviosismo en el entorno de Maru Campos por investigaciones**

La gobernadora recibió a los agentes de la FGR con compostura. Se mostró amable, aunque dejó caer una frase que revela el estado de ánimo real: le duele mucho que los usen para estas politiquerías. Es el lenguaje de alguien que sabe que el proceso es inevitable pero necesita enmarcarlo como persecución para consumo público. La frialdad del protocolo y el nerviosismo del entorno no van en la misma dirección.

En su círculo cercano el ambiente es de preocupación genuina. Saben que la dinámica que se activó con el citatorio no se detiene fácilmente. La gobernadora ya había dejado ver en sus entrevistas de días anteriores que Jáuregui sabía y no le informó, un deslinde que en términos políticos la protege pero que en términos jurídicos construye una narrativa donde alguien en la cadena de mando sí tenía conocimiento. Si Jáuregui sabía, la pregunta que la FGR inevitablemente hará es hacia arriba, no hacia abajo.

La polarización que genera el citatorio escala a las esferas más altas de tensión política del país. Maru Campos sabe que viene un proceso largo, desgastante y completamente politizado, y que el equipo jurídico que la acompañe tendrá que ser tan hábil en los medios como en los tribunales. Las dos batallas corren en paralelo y ninguna se puede descuidar.

**El país se polariza con asuntos en la FGR**

Las reacciones al citatorio dibujaron en horas el mapa completo de la polarización nacional. Del lado opositor salieron Felipe Calderón, Xóchitl Gálvez y Vicente Fox, además de Jorge Romero desde la dirigencia nacional del PAN. El mensaje fue uniforme y coordinado: persecución política, uso faccioso de la FGR, provocación inaceptable. Es el guión que el PAN tiene listo para este tipo de momentos y lo ejecutó con rapidez. Cuando hay instrucción desde arriba, el partido cierra filas sin fisuras.

Del lado de Morena el tono fue más medido de lo que muchos esperaban. Ariadna Montiel, Brighite Granados, Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar salieron a decir que toda investigación debe seguirse al pie de la letra y que es importante esclarecer los hechos. Ninguno se regodeó ni lanzó el golpe de gracia mediático que hubiera sido fácil en ese momento. La moderación no es ingenuidad, es cálculo: ir demasiado fuerte contra la gobernadora abre el mismo espejo que Morena no quiere enfrentar con sus propios gobernadores acusados por Washington. El boomerang sigue siendo el argumento que frena los impulsos más agresivos del movimiento.

Lo que el citatorio consolida en términos de agenda es que Chihuahua es el frente de batalla más caliente de la política nacional en este momento, y que eso no cambia en el corto plazo. Maru Campos ya no es solo una gobernadora en problemas, es el símbolo de la oposición bajo fuego federal. Eso tiene dos lecturas simultáneas: le genera desgaste real en su gobierno, pero también le da una visibilidad nacional que hace un mes no tenía. En política rara vez hay publicidad completamente mala.

**Rocha Moya también a entrevista con la FGR**

En medio del ruido del citatorio, la FGR lanzó un comunicado que en cualquier otro día hubiera sido la nota principal: informó que Rubén Rocha Moya y los demás ex funcionarios de Sinaloa acusados desde Washington están siendo procesados formalmente. El timing no fue casual y nadie en los círculos políticos lo leyó como tal.

Con la narrativa nacional girando alrededor de si el gobierno federal protege a los suyos, el comunicado sirvió para desactivar en los corrillos políticos la idea de que Morena blindaba al gobernador con licencia de Sinaloa. Es un movimiento de contención inteligente: no lo entregan, no lo abandonan públicamente, pero muestran que el proceso existe y que avanza. Eso les da margen para seguir manejando los tiempos sin aparecer como cómplices activos.

El dilema de fondo no desaparece con un comunicado. Si Morena protege a Rocha Moya hasta las últimas consecuencias, valida la narrativa del narcogobierno que tanto daño le ha hecho. Si lo entrega, confirma que la acusación tenía sustancia y abre la puerta a que el mismo criterio se aplique a otros. La ficha roja de Interpol que salió días antes complica ese equilibrio cada semana que pasa. El escudo de la soberanía tiene límites cuando hay mecanismos internacionales activos, y la pregunta de hasta cuándo pueden sostener esa postura no tiene respuesta cómoda. Claudia Sheinbaum tendrá que responder esa pregunta más temprano que tarde.

**Javier Corral nuevamente dando de que hablar**

El viernes apareció una imagen que circuló en segundos por todos los grupos políticos del país: el senador Javier Corral, ex gobernador de Chihuahua y hoy legislador de Morena, sentado a la mesa en el Country Club de Culiacán con el senador Enrique Inzunza, señalado por el Departamento de Justicia de Estados Unidos por presuntos vínculos con la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa. Inzunza llevaba casi tres semanas sin apariciones públicas desde que salieron las acusaciones en su contra. Su reaparición fue en ese restaurante, en esa mesa, con ese compañero de bancada. El periodista Pascal Beltrán del Río la publicó y el resto se hizo solo.

Corral respondió con la velocidad y el aplomo que lo caracterizan cuando se mete en un problema. Confirmó la reunión de inmediato en redes sociales y construyó el argumento en una sola frase que resume su estilo: “Tan no tengo nada que esconder que fui a verlo en un lugar público.” Agregó que estaba en Mazatlán y fue a escucharlo, que Inzunza le compartió que planea acudir al periodo extraordinario de sesiones, y remató diciendo que se quiere dar apariencia de un hecho indebido pero que no lo es. Manual clásico de Corral: confirmar antes de que otros confirmen por él, enmarcar el hecho en sus propios términos y salir del cuadro antes de que la narrativa lo alcance. Lleva años perfeccionando esa técnica y la ejecuta mejor que casi cualquier político en activo.

El problema es que el argumento de la transparencia tiene sus límites cuando el interlocutor es alguien señalado por Washington de cogobernanza con el crimen organizado. Ir a escuchar a un compañero de bancada es perfectamente legal. Hacerlo en el Country Club de Culiacán, con la foto circulando en tiempo real y el contexto político que existe, es un error de cálculo que Corral con toda su experiencia no debería haber cometido. O lo cometió conscientemente, que sería aún más revelador. El ex gobernador de Chihuahua que persiguió a César Duarte con toda la fuerza del estado, sentado a comer cerveza con un senador acusado de nexos con el narco. La imagen dice lo que las palabras no pueden deshacer, y Javier Corral lo sabe mejor que nadie.

¿Así queda o ajustamos algo antes de publicar?

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