

La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que la investigación por la presencia y muerte de dos agentes estadounidenses —presuntamente de la CIA— durante un operativo en la Sierra Tarahumara continuará pese a la renuncia del fiscal chihuahuense César Jáuregui, anunciada el martes. La mandataria señaló que la Fiscalía General de la República ya conduce sus propias indagatorias y fue enfática: "No para con una renuncia". El eje de la investigación federal, dijo, es la defensa de la soberanía, la Constitución y la Ley de Seguridad Nacional.
La salida de Jáuregui no fue espontánea. Fuentes cercanas al caso indican que su renuncia estuvo pactada con el secretario de Seguridad Omar García Harfuch como una fórmula para cortar cabezas, bajar la presión y permitir que la gobernadora Campos recomponga su relación con la federación. El problema es que el cálculo no cerró del todo: Sheinbaum, que ha perdido control sobre el flujo de información en materia de seguridad, se mantiene activa en exigir que la FGR empuje el caso más allá de Chihuahua, hacia toda la zona fronteriza.
El episodio ha generado además una fractura silenciosa dentro del propio gabinete federal. Las Fuerzas Armadas y el equipo de seguridad —que operan con inteligencia estadounidense de manera cotidiana y conocen el valor de esa colaboración en detenciones de alto impacto— observan con incomodidad cómo el caso se convierte en un instrumento político. La tensión entre la lógica operativa de seguridad y la narrativa de soberanía que impulsa el ala más radical de Morena es real y no está resuelta.
Brújula Política: La renuncia de Jáuregui fue el precio negociado, pero Sheinbaum no lo aceptó como pago completo. El ala dura de Morena —que ve en este caso una oportunidad para hundir la marca PAN de cara a las elecciones de 2027 en Chihuahua— tiene incentivos para mantener vivo el expediente, y la presidenta les está dando el oxígeno para hacerlo. García Harfuch quería cerrar el capítulo con una cabeza; la presidenta quiere un proceso. Esa diferencia, por ahora discreta, podría volverse la grieta más relevante del gabinete de seguridad en los próximos meses.











