

La tensión al interior del Partido Acción Nacional en Chihuahua subió de tono con la destitución de Sergio Nevárez como titular de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) de Ciudad Juárez, decisión que no solo fue interpretada como un cese administrativo, sino como un claro mensaje político de la gobernadora Maru Campos hacia el grupo del alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla. Aunque el discurso oficial apunta a que Nevárez “cumplió su ciclo”, lo cierto es que el movimiento fue un manotazo fulminante tras una serie de episodios que incomodaron al equipo de la mandataria estatal.
Nevárez fue el organizador de los eventos realizados en la frontera durante la reciente gira de Bonilla, lo que fue visto como una operación anticipada para posicionarlo en la escena juarense rumbo al 2027. La gobernadora no tardó en responder y le retiró el respaldo institucional a quien hasta esta semana encabezaba una de las dependencias estratégicas del gobierno en la segunda ciudad más importante del estado.
El cese de Nevárez también se produce en medio de una fuerte polémica por el intento de aplicar un incremento del 17 por ciento en las tarifas del agua en Juárez, propuesta que fue duramente exhibida por el alcalde morenista Cruz Pérez Cuéllar, quien acusó públicamente el despropósito en medio de una inflación nacional mucho menor.
La controversia generó un desgaste adicional para el gobierno estatal, que prefirió cortar de tajo antes de que el costo político siguiera creciendo. Sin embargo, más allá del trasfondo técnico, lo ocurrido refleja una lucha de poder dentro del PAN chihuahuense, donde las lealtades y los bloques internos comienzan a definirse con mayor claridad conforme se acerca la sucesión de 2027.
La gobernadora Maru Campos fue enfática al señalar que Sergio Nevárez ahora tiene “otras prioridades políticas” y agradeció su labor al frente de la JMAS, destacando los 5 mil millones de pesos en inversión hídrica ejecutados durante su gestión.
Por su parte, Marco Bonilla fue mesurado en su postura, asegurando que respeta las decisiones de la mandataria estatal, pero sin ocultar su respaldo a Nevárez y al trabajo realizado en la frontera, donde aseguró que hubo avances históricos en materia de infraestructura. El trasfondo real, sin embargo, apunta a una fractura cada vez más evidente dentro del PAN, donde el bonillismo ha comenzado a construir su propia estructura y liderazgo, generando incomodidad en el grupo en el poder.
La salida de Nevárez fue leída entre los cuadros panistas como una advertencia directa a quienes pretendan operar por cuenta propia al margen del control político de Palacio de Gobierno. La gobernadora decidió marcar límites claros, cerrando filas en torno a su equipo de confianza y reconfigurando los espacios de poder rumbo a la batalla electoral que se avecina.
El relevo en la JMAS de Juárez será clave para saber si se trata de una simple rotación administrativa o del inicio de una purga más amplia en las estructuras gubernamentales que se han alineado con Marco Bonilla. La guerra interna en el PAN de Chihuahua está lejos de terminar, y este episodio marca un punto de quiebre en una disputa que apenas comienza a escalar.











