

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este lunes que su administración será la encargada de coordinar la transición en Venezuela tras la captura del mandatario Nicolás Maduro, y confirmó que su equipo de seguridad nacional liderará el proceso. En entrevista con NBC News, Trump señaló que los secretarios de Estado y Guerra, Marco Rubio y Pete Hegseth, respectivamente, así como el asesor en temas de seguridad y migración, Stephen Miller, y el vicepresidente JD Vance, estarán al frente del país caribeño mientras dure la transición.
Pese a que Vance ha mantenido un perfil bajo desde el operativo militar del sábado que concluyó con la detención de Maduro y su esposa, Cilia Flores, Trump dejó claro que él será quien tenga la última palabra sobre las decisiones clave en Venezuela. El presidente reiteró que su país está “al cargo” y no hay planes inmediatos para convocar elecciones. “Primero tenemos que arreglar el país. No se pueden celebrar elecciones. No hay forma de que la gente pueda votar”, declaró.
Trump también aseguró que la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien asumió el poder tras ser juramentada por su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, está “cooperando” con las autoridades estadounidenses. El mandatario señaló que tiene la sensación de que Rodríguez quiere salvar a su país, aunque advirtió que enfrentará consecuencias si “no hace lo correcto”.
La Casa Blanca, según The Washington Post, evalúa otorgar a Stephen Miller un rol aún más elevado en la gestión de Venezuela, al considerar su experiencia como artífice de las políticas antiinmigración. Por su parte, Marco Rubio ha defendido que la administración de Venezuela será un esfuerzo coordinado de todo el aparato de seguridad nacional de EE.UU.
Durante sus declaraciones, Trump también lanzó duras críticas hacia la oposición venezolana. Afirmó que la líder María Corina Machado “no tiene el respeto ni apoyo suficientes” dentro del país para asumir el poder, y minimizó la posibilidad de que ella juegue un papel central en esta etapa.
En cuanto a los intereses estratégicos de Estados Unidos, el mandatario admitió que uno de los principales objetivos tras la caída de Maduro es estabilizar la industria petrolera venezolana. Aseguró que espera que empresas estadounidenses puedan reiniciar operaciones en el país en menos de 18 meses, incluyendo inversiones en infraestructura. Aunque reconoció que será necesario un gran volumen de inversión, afirmó que las compañías petroleras podrán ser reembolsadas posteriormente a través de los ingresos generados.
Sin embargo, medios estadounidenses han citado fuentes que advierten que el sector petrolero no tiene actualmente un gran interés en volver a Venezuela debido a la inestabilidad y a las experiencias negativas del pasado, marcadas por nacionalizaciones y falta de garantías jurídicas.
Trump defendió la operación militar en Venezuela como un hito histórico y un “mensaje claro” a otros gobiernos de la región. “No estamos en guerra con Venezuela. Estamos en guerra con quienes venden drogas, con quienes vacían sus prisiones y manicomios y los mandan a nuestro país”, declaró el mandatario, en una nueva referencia a su política de línea dura contra la inmigración.
Por su parte, Stephen Miller aseguró en CNN que el gobierno de Rodríguez ya ha enviado mensajes al secretario de Estado para confirmar que cumplirá “los términos, demandas y requisitos” de Estados Unidos. También destacó que la actual situación es resultado de meses de presión con el despliegue naval más grande en el Caribe y la destrucción de embarcaciones vinculadas al narcotráfico.
El futuro inmediato de Venezuela, según la administración Trump, pasa por una etapa de control directo desde Washington, sin elecciones a corto plazo, con la mirada puesta en la recuperación económica, la estabilidad institucional y la apertura a inversiones extranjeras en sectores clave como el energético.












