
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha indicado a sus asesores que, si la vía diplomática no logra frenar el desarrollo del programa nuclear iraní, considerará un ataque de mayor escala en los próximos meses con el objetivo de debilitar o incluso expulsar del poder a la cúpula política de Teherán.
De acuerdo con información publicada por The New York Times, que cita fuentes cercanas a las deliberaciones internas, la Casa Blanca evalúa distintos escenarios ante la reunión prevista para el próximo jueves en Ginebra entre representantes de Washington y Teherán. El encuentro es visto como una negociación límite para alcanzar un acuerdo sobre el desarme nuclear iraní y evitar una escalada militar.
Entre las opciones analizadas figura un ataque inicial en los próximos días contra objetivos estratégicos, incluidos la sede del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, instalaciones nucleares y componentes del programa de misiles balísticos. La intención, según las versiones difundidas, sería enviar una señal inequívoca de presión para forzar a Irán a renunciar a la capacidad de fabricar un arma nuclear.
Si esa ofensiva limitada no surtiera efecto, Trump habría dejado abierta la posibilidad de una intervención más amplia hacia finales de año, dirigida a debilitar directamente al liderazgo encabezado por el ayatolá Ali Jameneí. Sin embargo, dentro de la propia administración existen dudas sobre la viabilidad de alcanzar un cambio de régimen únicamente mediante ataques aéreos, dada la complejidad política y militar del escenario iraní.
En paralelo, se explora una propuesta intermedia que permitiría a Irán mantener un programa de enriquecimiento nuclear estrictamente acotado a fines de investigación y tratamientos médicos. Aunque no hay claridad sobre la disposición real de ambas partes para aceptar ese esquema, la alternativa surge mientras dos grupos de portaaviones estadounidenses y decenas de aeronaves de combate se posicionan a distancia operativa de Irán.
El momento es particularmente delicado. La combinación de presión militar visible y una última ventana diplomática configura un tablero donde cualquier error de cálculo podría detonar un conflicto regional de mayores dimensiones. La decisión final dependerá no solo del resultado en Ginebra, sino del margen político que Trump esté dispuesto a asumir en un entorno internacional ya marcado por tensiones múltiples.












