

Un reportaje del Wall Street Journal publica un retrato incómodo de la presidenta Claudia Sheinbaum: una mandataria que ha cedido terreno de forma sostenida ante la presión de Donald Trump sin recibir estabilidad a cambio, y que empieza a acumular un costo político visible también puertas adentro. El detonador más reciente fue el episodio de los agentes de la CIA en Chihuahua: Sheinbaum respondió con cautela, redirigió la crítica hacia la gobernadora Campos y aun así recibió reproches de Washington por no haber expresado suficiente empatía hacia los agentes caídos.
El inventario de concesiones que documenta el diario estadounidense es extenso: envío de Guardia Nacional a la frontera norte, dos rondas de extradición de capos, aranceles del 50% a productos chinos —incluidos vehículos eléctricos—, cierre del paso a migrantes venezolanos y luz verde a la operación que resultó en la muerte de "El Mencho". La respuesta de Trump ante cada movimiento fue exigir más, y en un foro con líderes latinoamericanos se burló públicamente de ella. El patrón, según el WSJ, se asemeja al de otros líderes —Meloni, Macron— que intentaron construir una relación funcional con Trump y terminaron chocando con él.
La presión no viene solo de afuera. Cercanos a Andrés Manuel López Obrador cuestionan en privado por qué Sheinbaum se mueve hacia las posiciones de Washington en lugar de profundizar acuerdos con China, como hizo Canadá. La crítica es todavía discreta, pero el WSJ advierte que un reproche público del expresidente desataría una crisis política de otra escala. El retrato personal que construye la nota es el de una presidenta que duerme cuatro horas, ha perdido decisión y siente que ningún frente le funciona: ni la economía, ni la percepción de seguridad, ni el control político interno.










