

En los círculos panistas de la capital ya no hay duda: la gobernadora Maru Campos respalda a Santiago de la Peña Grajeda, su secretario general de Gobierno, para la candidatura a la alcaldía de Chihuahua en 2027. La señal más visible llegó esta semana con el evento "Mujeres, ¡Conversemos del Futuro de Chihuahua!", donde De la Peña reunió a más de 2,600 asistentes en el salón Lago Di Como —con otras 3,000 personas conectadas en redes— en lo que fue leído en los pasillos políticos como un movimiento de construcción de liderazgo territorial más que un encuentro institucional.
El problema para Campos es lo que esa apuesta activa. César Jáuregui sigue en campaña con estructura propia, capital político acumulado y encuestas que lo ubican arriba en la interna panista. El exfiscal no está cerrando puertas: desde su entorno confirman acercamientos desde la Ciudad de México para explorar una candidatura por alguno de los partidos de reciente registro. Jáuregui fuera del PAN —con otro vehículo electoral— complicaría la aritmética panista en la capital de manera significativa.
La ruptura entre Campos y Jáuregui tiene un costo que la gobernadora parece subestimar. Lo que ambos tenían era más complicidad que simple alianza. Y en el ala dura del PAN la decisión de apoyar a un priista para la alcaldía de Chihuahua ya genera malestar visible: entregar la capital a De la Peña es una estocada que varios panistas no están dispuestos a digerir sin pelear.










