

En el entorno de Rafa Loera, secretario de Desarrollo Humano y Bien Común, esta semana hubo una conversación inusual en política por su claridad: reconocer que la batalla está perdida. La fractura con la gobernadora Maru Campos, detonada por el despido de la esposa de Loera de la secretaría privada de la mandataria estatal —tras un incidente en una rueda de prensa— resultó ser más profunda de lo que el equipo del secretario quería admitir.
Lo que se deslizó desde su entorno es que la alcaldía quedó descartada y que la posibilidad de un distrito es mínima. Los cercanos a Loera hablan de "brazos caídos" y de un intento de reconstrucción de puentes con la gobernadora, pero recomponer una relación rota por algo tan personal como lo que involucró a su esposa no es un ejercicio político ordinario. Loera sigue en el cargo, su equipo no habla de rendición total, pero en ese limbo entre el cargo que perdió políticamente y el futuro que no se ve claro, uno de los perfiles que hace meses aparecía como aspirante serio a la alcaldía de Chihuahua capital está efectivamente fuera del mapa electoral.










