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COLUMNA 30 OCTUBRE 2026

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Taddei se fue, pero el escándalo se quedó

Al final no aguantó. Después de jurar que no se iba, Guadalupe Taddei presentó su renuncia el 26 de octubre ante la Cámara de Diputados. Su despedida fue de manual: dijo que la decisión no releva a nadie del deber de esclarecer los hechos con transparencia y debido proceso, y cerró con una frase de bronce: las personas cumplimos ciclos, las instituciones permanecen. Bonita línea para alguien que salió por la puerta de atrás.

El INE queda con diez consejerías y Blanca Cruz García como presidenta interina, mientras la Cámara de Diputados tendrá que elegir a un nuevo titular. Y ahí está el problema de fondo: el relevo se cocina en un Congreso dominado por Morena, en pleno proceso electoral y con el árbitro recién salido de un escándalo de contratos. Quien llegue va a cargar desde el primer día con la sospecha de que fue puesto, no elegido.

Para Chihuahua, el expediente no se cerró con la renuncia. La red de proveedores que tumbó a Taddei pasó por el instituto electoral del estado, y esa cuenta todavía nadie la ha cobrado. La renuncia tapa el escándalo en lo nacional. En lo local, apenas lo destapa.


Alfredo se baja con carajillo en mano

La alcaldía de Chihuahua tiene cada vez menos competidores en el PAN. Alfredo Chávez, el coordinador de la bancada panista que llevaba casi un año registrado como aspirante, decidió declinar a favor de Santiago de la Peña. El acuerdo no se firmó en un salón ni ante notario: se cerró en La Calesa, carajillo en mano, con Joss Vega y Nancy "La China" Frías en la mesa. Las dos diputadas, por cierto, van más que anotadas para repetir en la capital. Nadie se baja gratis.

La lectura es simple. Alfredo era el aspirante con más estructura legislativa y el que menos dependía de Palacio. Su declinación le quita a Santiago al rival más incómodo dentro del partido y deja la contienda interna reducida a lo que ya se sabía: el candidato de Maru contra lo que quede de la resistencia panista. Con Jáuregui en el Altiplano y Alfredo sumado, el camino del secretario de Gobierno se despejó a fuerza de cárcel y de acuerdos.

Lo que no se despeja tan fácil es el fondo. Santiago de la Peña sigue siendo un priista vestido de azul, y los militantes que no se identifican con él no desaparecen porque su coordinador se haya tomado un café. La unidad que se pacta arriba tiene la mala costumbre de no bajar sola a las colonias.


Bonilla en Delicias, la región que le debe una

Marco Bonilla llegó a Delicias, y el escenario no es cualquiera. Es la región centro-sur donde hace unos meses se denunció presión para cancelar eventos de Morena, donde se usaron pretextos municipales para frenar a la competencia, y donde, aun así, las encuestas siguen pintando de guinda. La última medición que publicamos en este espacio ponía a Morena arriba en Delicias, 42.3 contra 33.8 del PAN.

Para Bonilla, el centro-sur es la prueba de fuego de su campaña. En la capital lo conocen, en Juárez lo toleran con acarreo, pero en Delicias, Meoqui, Camargo y Saucillo tiene que demostrar que existe fuera de la avenida que pavimentó. Y la agenda que le exigen allá no es de puentes bonitos: es agua para el campo, seguridad en carretera y precios de garantía. Temas donde el candidato del PAN llega con más discurso que historial.


El PRI juega solo y el PAN hace cuentas

La alianza PRI-PAN, que desde la Ciudad de México se daba por hecha, empieza a tener agujeros en Chihuahua. El PRI no irá en alianza en 16 municipios del estado. La señal ya se venía asomando: en los corrillos se decía que el PRI planteaba jugar solo en la alcaldía capitalina. Ahora el número es concreto y el mensaje es claro: Alex Domínguez y Alito quieren medir su fuerza propia antes de entregar posiciones.

No es nuevo. Alito lleva meses advirtiendo que dividir el voto opositor le facilita a Morena triunfos en estados clave como Chihuahua, pero ahora es su propio partido el que lo divide. La lógica priista es de supervivencia: después de Coahuila, se sienten con derecho a cobrar, y si el PAN no les da lo que piden, se presentan solos para recordarles cuánto pesan. Si se suma o se resta, esa cuenta la harán las urnas.

El que tiene que hacer números es el PAN. Dieciséis municipios con boleta separada pueden ser poca cosa en el mapa grande, pero en elecciones cerradas un 5 por ciento priista decide alcaldías. Y en un año donde Morena va arriba en el estatal, el PAN no tiene margen para regalar ni un municipio.


Falomir paga los platos rotos del puente de Bonilla

Si alguien está pagando la factura de los caprichos de Marco Bonilla, es Alan Falomir. El director de la JMAS, que además levantó la mano para la alcaldía, tiene que dar la cara por una crisis que no provocó: cuatro días sin agua y otra semana con baja presión en la mitad de la ciudad, por los trabajos ligados al puente de El Reliz.

Ese puente es la obra con la que Bonilla quería dejar huella. Él mismo prometió que sería arquitectónicamente el puente más bonito de la ciudad. Ahora resulta que el puente más bonito viene con la semana más seca. Medio Chihuahua cargando cubetas para que el exalcalde, hoy candidato, tenga su postal iluminada en campaña.

Lo político es lo que duele. Falomir quería llegar a la interna del PAN presumiendo gestión del agua y va a llegar explicando cortes. Su aspiración se le moja, o mejor dicho, se le seca, por una obra ajena. Y Bonilla, que en sus discursos promete atender el suministro de agua en todo el estado, va a tener que explicar en Delicias por qué en su propia ciudad cortó el agua por un puente. Ni Morena tuvo que escribir ese spot.


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