

Andrea: protocolo, silencio y números guardados
La senadora con licencia llegó primera al registro y desde ahí marcó el tono que quería proyectar. Sin derroche, sin movilizaciones, sin llamar la atención de la dirigencia nacional. Un acto protocolario, pocas declaraciones a la prensa, un video matutino explicando sus razones y punto. En el equipo de Andrea la consigna era clara: nada que recuerde el episodio de las manifestaciones afuera del Congreso, nada que dé pie a una llamada de atención desde la Ciudad de México.
La estrategia tiene su lógica. Andrea Chávez lleva meses siendo una de las figuras más visibles de la contienda, tiene encuestas propias que la colocan arriba, con agenda nacional propia desde el Senado y con una capacidad de comunicación que ningún otro aspirante en Chihuahua iguala. Cuando tienes eso, el movimiento inteligente es no cometer errores. Guardar la munición, monitorear las reacciones, vincular la imagen con la ciudadanía chihuahuense y alejarse de la agenda nacional que puede contaminar. Su equipo lo sabe y lo ejecutó con disciplina este martes.
Lo que también saben puertas adentro es que tienen menos que perder que su principal rival. Si la encuesta no les favorece, el Senado sigue ahí, Ciudad Juárez como alternativa tampoco suena descabellada, y la construcción política de Andrea no termina en 2027. Esa tranquilidad estratégica es un activo que no aparece en los números pero que define cómo se navegan los procesos internos.
Cruz: porras, estructura y el abrazo de Ariadna
Cruz Pérez Cuéllar mandó un mensaje completamente distinto y completamente calculado. Llegó con su esposa, con grupos de operadores que ha construido por el estado y con un despliegue que fue imposible ignorar: las diputadas locales Jael Argüelles, Brenda Ríos, Lizzy Guzmán y María Antonieta Pérez lo acompañaron, además de figuras cercanas a Mayra Chávez del Bienestar. Quien conoce la geografía política del morenismo chihuahuense sabe lo que eso significa: Cruz llegó con la estructura de Ariadna Montiel acompañándolo.
Eso es un caballo de hacienda. Y en política, cuando la persona que decide el proceso te acompaña con su caballería, el mensaje es difícil de malinterpretar. Cruz fue más explícito que Andrea en sus declaraciones, habló de unidad, de proceso limpio, de confianza en las reglas. Es el lenguaje de quien siente que las reglas están de su lado. Su perfil es menos mediático que el de la senadora, más pragmático, más de acuerdos construidos en la cocina política que de tribuna pública. Pero ha sabido tejer alianzas que lo tienen compitiendo de igual a igual con la aspirante que lleva más tiempo en el ojo público.
Lo que su equipo maneja con inteligencia es la gestión de la eventual derrota interna. Si Andrea gana la encuesta, Cruz no rompe. Tomarán distancia pero no pelearán, y la puerta para una tregua e integración posterior quedará entreabierta. En política esa capacidad de perder sin destruir todo lo construido vale tanto como ganar.
Los pioresnada: Chaparro, el Capi y Rosana
Ningún proceso interno de Morena está completo sin sus candidatos decorativos, y Chihuahua no fue la excepción. Martín Chaparro, ex dirigente estatal del partido, mandó sus papeles desde Chihuahua porque consideró que viajar a la Ciudad de México era un despilfarro. La decisión dice mucho sobre la seriedad de su candidatura. Chaparro tiene el aprecio personal de López Obrador como credencial principal, pero su dirigencia estatal quedó en la historia como el periodo en que Morena en Chihuahua estuvo prácticamente acéfalo. Que ahora quiera ser gobernador del estado que no pudo organizar como presidente del partido es una apuesta que las encuestas no van a validar.
El Luis Carlos Arrieta, mejor conocido como el Capi, completó el cuadro con una candidatura que en 2021 le rindió poco más del 2% del electorado bajo las siglas del extinto PES. No es una figura identificada con el morenismo, no tiene estructura, no tiene base territorial y su aparición en el proceso dice más sobre la amplitud de la convocatoria que sobre su viabilidad real. Llegó, se registró, y la encuesta dirá lo que todos ya saben.
El caso más revelador fue Rosana Díaz, que se registró bajo las siglas del Partido Verde después de haber sido corrida de la bancada de Morena en el Congreso local por sus abstenciones en la votación del presupuesto estatal. Esta semana despotricó contra Cuauhtémoc Estrada acusándolo de falsificar su firma, tiene un proceso abierto en la Comisión de Honestidad y Justicia del partido, y se fue al Verde que es el vehículo con el que aparece en la alianza. Su registro casi con certeza será impugnado. La estrategia del Verde es visible: tener presencia en el proceso aunque nadie los tome en cuenta, para existir en la negociación de espacios que viene después.
Sheinbaum le apaga las ganas a Maru con una sola frase
La gobernadora llevaba días provocando al gobierno federal con sus declaraciones sobre el T-MEC y Rocha Moya, esperando que la presidenta la nombrara, le respondiera, le diera la visibilidad nacional que necesita para mantenerse en la agenda. Claudia Sheinbaum le respondió este martes con la contundencia de quien no quiere perder tiempo: “Es propaganda política y no voy a caer en un debate. Ella cumple con su trabajo y yo cumplo con el mío.”
Ocho palabras para apagar un video, una rueda de prensa y días de provocación. Sobre el T-MEC fue igualmente directa: “¡Claro que no! El tratado lleva su camino.” Y contextualizó la postura de Trump como parte de una visión general sobre el comercio internacional que va mucho más allá del caso Sinaloa o de cualquier gobernadora de Chihuahua.
La estrategia de Maru de mantenerse en la agenda nacional a través de la provocación requiere que el adversario responda. Cuando el adversario elige no responder, la provocación se queda flotando sin destino y termina pareciendo exactamente lo que Sheinbaum dijo que era: propaganda política. La gobernadora va a tener que encontrar otro mecanismo para seguir siendo relevante en el debate nacional, porque este ya se le cerró.
Mayra Chávez se destapa y la guerra de Juárez comienza
Mientras la gubernatura absorbía toda la atención del martes, en el horizonte comenzó a dibujarse el siguiente campo de batalla: la alcaldía de Ciudad Juárez. Mayra Chávez Jiménez, delegada del Bienestar en Chihuahua y figura que apareció junto a Cruz en su registro, deslizó públicamente su interés en participar en el proceso interno de Morena para la alcaldía fronteriza si el partido emite la convocatoria correspondiente. Lo hizo con el lenguaje cuidadoso de quien todavía espera tiempos, pero el mensaje fue claro para quienes leen entre líneas.
Lo interesante es lo que eso activa. El grupo de Andrea Chávez promueve a Juan Carlos Loera para la alcaldía de Juárez, que es el tercer municipio más importante del proceso electoral y el bastión natural del morenismo chihuahuense. Si Mayra Chávez entra a esa contienda, la fractura entre los dos grupos principales de Morena que se disputarán la gubernatura se replica exactamente en el municipio que más le importa al partido. La guerra de la gubernatura ya empezó formalmente este martes. La de Juárez acaba de asomarse. Y en Morena Chihuahua, donde la verdadera oposición siempre ha sido interna, el capítulo que viene puede ser más complicado que el que ya tuvimos.










