

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, fijó este viernes una postura firme ante la detención del presidente venezolano Nicolás Maduro, al inicio de su conferencia matutina, en la que reafirmó los principios históricos de la política exterior mexicana: no intervención, autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de los conflictos.
“México reafirma un principio que no es nuevo y que no admite ambigüedades. Rechazamos, de manera categórica, la intervención en los asuntos internos de otros países”, declaró Sheinbaum, al referirse a la operación internacional que condujo a la aprehensión del mandatario sudamericano, cuyo gobierno era señalado por Estados Unidos como parte de una red de crimen organizado transnacional.
La presidenta subrayó que la historia de América Latina ha demostrado que las intervenciones extranjeras, lejos de propiciar estabilidad o democracia, han derivado en mayor inestabilidad, violencia y ruptura institucional. “La intervención nunca ha traído democracia, nunca ha generado bienestar, ni estabilidad duradera”, sentenció.
Sheinbaum sostuvo que solo los pueblos pueden decidir legítimamente su rumbo político y su forma de gobierno. “Sólo los pueblos pueden construir su propio futuro, decidir su camino, ejercer soberanía sobre sus recursos naturales y definir libremente su forma de gobierno”, apuntó, en un mensaje con ecos de la Doctrina Estrada, piedra angular de la política exterior mexicana desde el siglo XX.
Aunque evitó emitir una condena directa contra el gobierno estadounidense por la operación que derivó en la captura de Maduro —cuya legalidad y jurisdicción siguen siendo objeto de controversia en foros internacionales—, el discurso de la mandataria mexicana se alinea con una visión crítica del uso de la fuerza como instrumento de política internacional.
La posición de México contrasta con la de otros países del hemisferio que han celebrado la detención como un “avance para la justicia y la democracia” en Venezuela. En este contexto, Sheinbaum optó por el respeto al derecho internacional como principio rector, subrayando la necesidad de preservar los canales multilaterales de resolución pacífica.
La reacción del gobierno mexicano podría tener implicaciones tanto diplomáticas como regionales, al ubicarse como uno de los pocos actores estatales que han mantenido una línea de no intervención frente al conflicto venezolano, incluso en momentos de fuerte presión internacional.
El mensaje de Sheinbaum también apunta a preservar una narrativa de soberanía regional frente a actores globales, en un momento de redefinición de equilibrios en América Latina. La presidenta dejó claro que México, pese al cambio de liderazgo, sigue fiel a una política exterior sustentada en principios y no en coyunturas geopolíticas.









