

La marcha de Morena deja más preguntas que respuestas
La marcha del sábado en Chihuahua no fue el boom que Morena necesitaba. Lo que se prometía como una concentración histórica terminó siendo un evento importante pero muy por debajo de las expectativas que la propia dirigencia nacional había construido durante toda la semana. Los especialistas calculan que en su mejor momento la concentración reunió alrededor de siete mil personas, un número que en cualquier otro contexto sería notable para Chihuahua, donde este tipo de movilizaciones políticas simplemente no ocurrían. Pero el problema no es el número en sí, sino la distancia entre lo prometido y lo entregado, y esa distancia la leyeron todos.
Los contingentes que llegaron de municipios del estado se mostraron incómodos desde el principio, en parte por la inclemencia del clima y en parte por una organización que no estuvo a la altura del momento. Los rostros de la dirigencia nacional decían lo que ningún comunicado oficial iba a confirmar. Ariadna Montiel se llevó una lección que no estaba en el guión: en Chihuahua la sociedad no marcha, aunque esté de acuerdo con la causa. En un entorno hiperdigital donde la indignación se procesa en redes y no en la calle, convocar a la gente a salir bajo el sol un sábado es una apuesta difícil incluso con toda la estructura del partido empujando. Y además hubo algo más que el clima y la cultura local.
El PAN operó. Y operó bien. Eso tampoco estaba presupuestado en el tablero de Morena, al menos no con la efectividad que tuvo. La marcha fue pacífica y el saldo fue blanco en todos los sentidos, eso hay que reconocerlo, pero lo que dejó al descubierto fue algo que Ariadna ya sospechaba y ahora tiene confirmado: la operación política de Morena en Chihuahua, particularmente en la capital, es mucho más débil de lo que las encuestas sugieren. Eso cambia varios cálculos de cara al 2027.
Brighite Granados y la simulación al descubierto
El problema más inmediato que dejó la marcha no es externo, es interno. Al interior de Morena la tensión se concentró en un solo nombre: Brighite Granados. La presidenta estatal del partido se notó nerviosa durante todo el evento, y no era para menos. Tenía encima la mirada de Ariadna Montiel, que llegó a Chihuahua a presentar una Morena unida y se encontró con que la capital del estado prácticamente no respondió. Los contingentes que se vieron nutridos vinieron de municipios movilizados por sus propios liderazgos locales. La ciudad de Chihuahua, territorio directo de Granados, llegó con lo mínimo.
Lo que la marcha desnudó es algo que los operadores más cercanos a Ariadna ya sabían pero que ahora quedó exhibido públicamente: la presidencia estatal de Morena en Chihuahua ha sido durante años una operación de simulación. Reuniones, fotografías, declaraciones, pero cero capacidad real de movilización en el territorio que más importa. Momentos después de concluida la marcha ya circulaba en los círculos internos del partido la posibilidad de la salida de Granados. No como rumor menor, sino como una conversación real entre quienes toman decisiones.
El problema de fondo es más profundo que un mal evento. Hay personas en Chihuahua que genuinamente creen en Morena, en Claudia Sheinbaum y en el proyecto de la cuarta transformación. Pero no creen en los actores políticos locales de la capital. Esa desconexión entre la marca nacional y los representantes locales es el verdadero diagnóstico que dejó el sábado, y es un problema que no se resuelve cambiando a Granados si los perfiles que la reemplacen tienen el mismo déficit de credibilidad ante la ciudadanía chihuahuense.
Cruz y Andrea: la tregua y la búsqueda de unidad
Los dos aspirantes a la gubernatura estuvieron presentes y se comportaron exactamente como Ariadna les pidió. Antes de la marcha hubo instrucciones claras: nada de porras a favor de ninguno de los dos, el apoyo va contra Maru Campos y no en beneficio de ninguna figura interna. La tregua se mantuvo en la superficie. Debajo, la frustración era visible para quien quisiera verla.
Cruz Pérez Cuéllar había logrado un apoyo relevante desde Ciudad Juárez, con contingentes que se organizaron para hacer el viaje, pero no todos alcanzaron a llegar. Andrea Chávez tuvo su propio problema: los bloqueos carreteros que el gobierno estatal activó como parte de su operación de sabotaje afectaron la movilización de grupos que venían a respaldarla. Ambos llegaron al evento con menos capital del que esperaban mostrar, y eso en una competencia interna donde cada señal de fuerza cuenta, no es un detalle menor.
La película que ambos están viendo es clara y no es cómoda. La decisión sobre quién será el candidato a la gubernatura se aproxima, y la realidad que mostró el sábado es que sin López Obrador o Sheinbaum en la boleta, Morena en Chihuahua necesita una estrategia y una movilización muy superiores a lo que hoy tiene. El partido aún enfrenta resistencia ciudadana importante en partes del estado, y ninguno de los dos aspirantes ha demostrado como romperá esa resistencia. El que llegue a la candidatura heredará ese problema sin manual de instrucciones.
Santiago de la Peña y el arte del sabotaje
El equipo de la gobernadora Maru Campos jugó bien el sábado. Carreteras cerradas, espectaculares y pendones anti Morena estratégicamente colocados, y una filtración sistemática de rumores sobre posibles actos de violencia que sembraron desconfianza entre quienes pensaban asistir. La operación logró desarticular una parte importante de la convocatoria y mermar la movilización que Morena había construido durante días. No fue improvisado, fue coordinado.
El nombre detrás de esa operación es Santiago de la Peña, secretario de Gobierno y el operador político más activo que le queda a Maru Campos tras la salida de César Jáuregui. El sábado por la noche ya presumía resultados en grupos de WhatsApp y se gozaba lo que consideró un fracaso de la marcha. De la Peña es eficiente en lo suyo, y eso lo ha colocado como el aspirante mejor posicionado dentro del entorno de la gobernadora para la candidatura a la alcaldía de Chihuahua. El problema es que Santiago se considera priísta, y eso en las filas del PAN representa una incomodidad que no es menor.
Las candidaturas importantes del binomio PAN-PRI en Chihuahua siempre han seguido el mismo esquema: figura panista al frente, PRI de acompañante. Romper esa fórmula poniendo a un priísta en la alcaldía de la capital sería una decisión difícil de vender internamente. Maru Campos tendrá que resolver ese nudo en los próximos meses, porque De la Peña es su mejor carta operativa pero no necesariamente la más aceptable para el partido que la sostiene.
Maru sola, el juicio político y el efecto Duarte
Maru Campos estuvo pendiente de la marcha del sábado, no por razones de seguridad sino por lectura política. Quería saber qué mensaje le mandaba Morena. Y el mensaje que recibió fue mixto: la movilización no fue lo que se esperaba, pero la intención de seguir golpeando es total. En su entorno hubo alivio por el resultado del sábado. Pero nadie en Palacio de Gobierno cree que el capítulo se cerró.
Lo que viene es el juicio político. Esa es la herramienta que Morena activará para mantener presión constante sobre la gobernadora sin necesidad de ganar en las calles. Es un proceso largo, desgastante y mediáticamente rentable para quien lo impulsa, aunque no prospere. Desde el PAN nacional la han estado victimizando y apoyando, pero desde la Ciudad de México la federación necesita un frente de batalla contra la oposición que contrarreste el desgaste que le genera el tema Sinaloa. Maru es ese frente, lo quiera o no.
Y mientras todo eso ocurre afuera, adentro el gobierno se va vaciando. Sus colaboradores más cercanos ya tienen la cabeza en la próxima elección y en sus propios proyectos. La lealtad tiene fecha de vencimiento cuando el poder empieza a apagarse. A eso se suman las cuentas pendientes que no desaparecen: el inexplicable enriquecimiento, la casa dorada, los viajes al extranjero, los índices de corrupción que siguen ahí. Analistas políticos ya hablan abiertamente del efecto espejo con el caso Corral-Duarte, donde ciudadanos bien organizados exhibieron a Duarte y terminó por consumir a un gobernador que creyó que la tormenta pasaría. Solo que ahora Corral es Morena desde el centro del país y con el aparato federal, y Duarte es Maru Campos. Y todos sabemos cómo terminó esa historia.










