COLUMNA 13 MAYO 2026

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Ariadna Montiel sacude Morena Chihuahua y lo encarrila

Morena Chihuahua llevaba meses en coma político. La presidencia de Brighite Granados fue tan discreta que muchos militantes de base ya ni recordaban quién encabezaba el partido en el estado, y el centralismo extremo de Luisa María Alcalde terminó por asfixiar cualquier intento de agenda propia. El resultado era predecible: una estructura fragmentada en tres feudos que se ignoraban mutuamente, sin voz pública y sin capacidad de reacción ante una coyuntura que exigía presencia.

Ariadna Montiel llegó a Chihuahua a apenas una semana de tomar las riendas de la dirigencia nacional de Morena, y la elección no fue casual. Chihuahua es una pieza estratégica que Ariadna conoce mejor que nadie: desde el Bienestar construyó una estructura propia en el estado, controló el Congreso local con su grupo, y mantuvo presencia en alcaldías, diputaciones federales y senadurías. Esta tierra norteña no le es ajena. Lo que hizo en su rueda de prensa del martes fue casi un milagro de logística política: sentó en la misma mesa a Cuauhtémoc Estrada, coordinador de los diputados y hombre de su confianza; a Hugo González, presidente del Consejo Estatal, del equipo de Cruz Pérez Cuéllar; al propio Cruz, aspirante a la gubernatura con estructura propia; a Andrea Chávez, senadora con su propio grupo y también con aspiraciones; y a la presidenta estatal Brighite Granados, que había virado hacia el equipo de la senadora. Tres estructuras que se miraban con recelo encontraron, por unas horas, la misma cámara y la misma mesa.

El mensaje de fondo fue claro aunque nunca se dijo con todas sus letras: la grilla se guarda, los únicos aspirantes reales reconocidos por el partido son Cruz y Andrea, y las candidaturas se resolverán por los métodos internos de Morena. Ariadna trazó también su ruta de trabajo para esta primera etapa: el primer carril es atacar a Maru Campos en el tema del operativo de la Sierra, lo que golpea al PAN y beneficia a Morena en un solo movimiento; el segundo es blindar al partido de la narrativa del narcopartido que el PAN ha activado con fuerza a nivel nacional. La primera acción concreta será una marcha el sábado exigiendo que la gobernadora solicite licencia para esclarecer los hechos, y si no lo hace voluntariamente, buscarán el desafuero. El riesgo es el de siempre en estas jugadas: si no consiguen nada concreto, terminan por martirizar a Maru, cerrar filas en el PAN y fortalecer a quien pretenden debilitar. Pero algo quedó claro este martes: Morena en Chihuahua despertó.

El PAN a capa y espada con Maru Campos

La reacción panista no tardó ni un suspiro. Mientras Ariadna aún saludaba en Chihuahua, los diputados Jorge Soto y Alfredo Chávez, junto con la presidenta estatal del PAN Daniela Álvarez, ya tenían micrófono en mano y narrativa afilada. El eje fue directo y sin rodeos: Morena es el narcopartido, Ariadna Montiel es una cínica, y a Maru Campos la defenderán a capa y espada. Esa última frase no fue improvisada: salió coordinada con la dirigencia nacional, donde Jorge Romero acusó a Morena de atacar cobardemente a la gobernadora y dejó clara la línea de protección desde el centro del partido. El PAN nacional bajó instrucciones, y el PAN estatal las ejecutó.

El momento más memorable de la tarde lo protagonizó Daniela Álvarez, quien sugirió con fina sorna que si tanto les entusiasma marchar, deberían invitar a los campesinos, a ver qué tal los reciben. Una puntada que resume bien el argumento: Morena ha abandonado este sector desde el gobierno federal. Completaron la ofensiva sacando el catálogo de gobernadores señalados por Estados Unidos, con Rubén Rocha Moya a la cabeza, seguido de Marina del Pilar y Américo Villarreal, para devolver el golpe en el terreno donde más le duele a Morena: la narrativa del crimen organizado como socio de sus administraciones.

Lo que quedó claro en la jornada del martes es que el PAN aprendió a no reaccionar de manera aislada. Hay coordinación, hay línea bajada y hay disposición de ir a la confrontación directa. La defensa de Maru Campos no es solo un ejercicio de lealtad interna: es una apuesta por mantener a Chihuahua como vitrina nacional del panismo frente a la elección de 2027. Perder ese relato sería perder mucho más que un estado.

Maru acorralada, sale a posicionarse y tensa relación con Sheinbaum

La presión acumulada durante el día terminó por forzar la mano. Entrada la tarde-noche, la gobernadora Maru Campos apareció en un video en redes sociales para deslindar su nombre de las acusaciones de traición a la patria. Los llamó ataques políticos. Subrayó el desmantelamiento del laboratorio clandestino como la gran historia de fondo, y manejó con cuidado quirúrgico el tema central: esquivó la discusión sobre los presuntos agentes extranjeros en el operativo y apostó por anclar el relato en los resultados de seguridad. Su postura fue la de una mujer respetuosa de la Constitución que jamás traicionaría la soberanía nacional, y deslizó casi de pasada el dato más importante de todo el video: ella nunca fue informada de la presencia de personas extranjeras en la operación en la Sierra de Chihuahua.

Ese deslinde no es menor. Si la gobernadora no fue notificada, la responsabilidad se desplaza hacia abajo en la cadena de mando, hacia la Fiscalía y específicamente hacia el director de la AEI. Es un movimiento de distancia estratégica que le permite a Maru no aparecer como cómplice ni como ignorante, sino como alguien que operó con la información que le dieron, y a quien sus propios subordinados le ocultaron detalles críticos. En Palacio de Gobierno saben que el escándalo no ha perforado tanto como esperaba Morena, y la estrategia de contención ha funcionado mejor de lo esperado a nivel estatal.

La ruta que se está trazando desde su entorno más cercano tiene una lógica clara: primero la victimización ante los ataques políticos, luego el martirio institucional si la presión escala con la marcha del sábado, y en paralelo sostener la narrativa de que quienes tienen cuentas pendientes con el narcotráfico son los gobernadores de Morena, no los gobernadores del PAN. Es una jugada calculada y por ahora efectiva, aunque tiene un costo inevitable: vuelve a enfriar la relación con la federación, esa tregua frágil que apenas comenzaba a tibiar y que ahora enfrenta otro capítulo de tensión pública.

La Fiscalía se enreda, vuelve a cambiar versión de agentes de la CIA

El informe de Wendy Paola Chávez Villanueva, titular de la Unidad Especializada de la Fiscalía del Estado, llegó este martes cargado de datos nuevos y salió por la puerta cargado de contradicciones. Lo que presentó como avance de investigación terminó por confirmar todo lo que las primeras versiones institucionales negaban o minimizaban: cuatro personas extranjeras se integraron al convoy desde la ciudad de Chihuahua el 16 de abril, habían sido vistas en instalaciones de la Fiscalía de Operaciones Estratégicas en fechas previas al operativo, y al menos uno de ellos portaba un arma larga dentro de esas instalaciones. Sin uniformes tácticos de la AEI, sin insignias oficiales, sin autorización documentada por parte de ningún superior. Cuatro personas que nadie, en ningún nivel de la cadena de mando, reportó formalmente.

El problema de fondo no es solo lo que se encontró, sino cómo se encontró y cuándo se dice. Cada nueva rueda de prensa de la Fiscalía chihuahuense contradice o matiza la anterior, y ese patrón tiene un costo que se acumula: la credibilidad del relato institucional se erosiona con cada actualización. Lo que en un inicio se presentó como una operación de seguridad exitosa fue derivando, versión a versión, en un operativo con extranjeros armados sin identificar, sin autorización y con un patrón de presencia previa que sugiere algo más que una incorporación de último momento. La teoría del caso de la Fiscalía estatal ya no puede sostenerse en las versiones iniciales; ahora tiene que correr detrás de los hechos que ella misma va descubriendo.

Para añadir más presión al cuadro, la Fiscalía General de la República ya ha entrevistado a alrededor de 40 agentes, incluyendo al ex fiscal César Jáuregui. Eso significa que en poco tiempo habrá dos versiones formales sobre la mesa, la de la Fiscalía estatal y la de la federación, y las discrepancias entre ambas serán el verdadero termómetro de lo que se omitió, lo que se ocultó y lo que simplemente se ignoró. El hilo que la Fiscalía chihuahuense intentó controlar se está enredando con cada declaración.

La CIA, la DEA y la soberanía nacional

Por si la agenda binacional necesitaba más combustible, CNN publicó este martes que la CIA ha estado detrás de todos los atentados contra cabecillas del narcotráfico en México. La nota corrió como pólvora por todos los corredores políticos, los grupos de análisis y los canales conspiranoicos por igual. La negación fue casi simultánea: Omar García Harfuch salió a desmentir categóricamente que la CIA opere en México contra los cárteles, y la propia agencia emitió un desmentido público en un movimiento poco común para una organización que rara vez confirma ni niega nada. Que la CIA saliera a desmentir activamente es, en sí mismo, un dato que no pasa desapercibido para quienes siguen este tema de cerca.

Pero mientras ese fuego se apagaba en las redes, el jefe de la DEA, Terrance Cole, lanzó su propia granada desde otro frente: lo que sucedió en Sinaloa con Rocha Moya, dijo, es apenas el principio de lo que se avecina para México, porque las autoridades mexicanas han vivido históricamente coludidas con el narcotráfico. Una declaración que en otro momento político hubiera pasado como provocación menor de un funcionario americano con ánimos de presionar.

Lo que está quedando claro semana a semana es que la tensión entre México y Estados Unidos no toca fondo ni se estabiliza. Cada vez que parece que la relación encuentra un piso, aparece un nuevo capítulo que la vuelve a sacudir.

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