A dos años del incendio en Ciudad Juárez: impunidad y crisis humanitaria persisten

Al cumplirse dos años del incendio en la estación del Instituto Nacional de Migración (INM) en Ciudad Juárez, Chihuahua, donde fallecieron 40 migrantes y decenas más quedaron con secuelas, la impunidad y la crisis humanitaria siguen latentes, mientras las políticas migratorias se endurecen y las familias de las víctimas siguen exigiendo justicia.
Familiares de los migrantes fallecidos, originarios de Guatemala, Venezuela, Colombia, Honduras y El Salvador, denunciaron que Francisco Garduño, titular del INM y responsable del centro migratorio, sigue en su puesto a pesar de las graves omisiones que derivaron en la tragedia. En un posicionamiento titulado “Dos años sin justicia ni reparación del daño”, compartido por la Fundación para la Justicia, los deudos señalaron su frustración por la falta de avances en el caso.
“Es desesperante, frustrante no encontrar justicia donde claramente se han vulnerado los derechos de un ser humano, solo nos queda seguir luchando por nuestra familia”, expresaron.
A pesar de la conmoción inicial que causó el incendio —considerado por organismos internacionales como un “crimen de Estado”—, el caso ha caído en el olvido. El padre Javier Calvillo, defensor de los migrantes y exdirector de la Casa del Migrante en Ciudad Juárez, lamentó la falta de seguimiento por parte de las autoridades.
“Nunca se dio nada. Es como si ya le hubieran dado vuelta la página, no pasó nada, no hubo culpables”, expresó en entrevista con la agencia EFE.
El sacerdote denunció que “la vida de los migrantes no importa” y que el poder y la impunidad siguen siendo los motores que sostienen la indiferencia institucional. Las cicatrices del incendio, afirmó, son una marca imborrable para Ciudad Juárez y un recordatorio de la tragedia que “nunca debió ocurrir”.
A dos años del incendio, las cicatrices del horror aún permanecen visibles en el interior de la estación migratoria. Durante un recorrido realizado por EFE, se constató que las paredes conservan las huellas de manos impregnadas de los migrantes que intentaron escapar del fuego, gritando por ayuda mientras los agentes del INM ignoraban sus llamados.
El recinto, ahora en ruinas, conserva las puertas, rejas y cordones de precaución que sellan una escena de crimen sin resolver. Las carpas traseras que alguna vez procesaban a migrantes deportados ahora yacen desgarradas y abandonadas, como símbolo de la indiferencia oficial hacia la crisis humanitaria que vive la frontera norte.
En diciembre pasado, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció una reforma al INM para transformarlo en un “instituto de apoyo a la movilidad humana”. Sin embargo, el relevo de Garduño aún no se ha concretado, aunque se ha anunciado que será sustituido por Sergio Salomón, exgobernador de Puebla.
Pese a estas promesas de cambio, la estructura institucional que permitió la tragedia permanece intacta, y las familias de las víctimas siguen esperando acciones concretas para que se haga justicia y se repare el daño causado.
La situación de los migrantes en Ciudad Juárez enfrenta un futuro incierto, en un contexto donde las políticas migratorias de México se endurecen debido a las presiones del presidente estadounidense, Donald Trump, quien ha exigido que México reciba migrantes deportados en medio de “deportaciones masivas”. Esta dinámica, advierte el padre Calvillo, no hará más que agravar la crisis humanitaria en la frontera norte.
“Esto es una tacha o es un hecho que le va a pesar a México siempre y toda la vida”, sentenció el líder religioso, advirtiendo que la indiferencia hacia los migrantes y la impunidad que rodea la tragedia en Ciudad Juárez seguirán siendo una deuda histórica del Estado mexicano.
El incendio del 27 de marzo de 2023 no solo arrebató la vida de 40 migrantes, sino que dejó una herida abierta en la conciencia nacional. A dos años del hecho, la falta de justicia, el abandono institucional y el olvido sistemático reflejan una crisis estructural que no solo afecta a quienes perdieron la vida aquella noche, sino a miles de migrantes que continúan enfrentando condiciones de vulnerabilidad extrema en su intento por buscar un futuro mejor.